![]() |
Pan American experiences
|
------- |

Colombia |
COLOMBIA ------------------------------------------846[FEATURE] QUEMA ANUAL | |||
El poder del año viejo en ColombiaUn fuego que purifica el pasado y enciende el futuroEnter blurb By Jazmin Agudelo for Ruta Pantera on 1/2/2026 10:16:57 AM |
||||
| En Colombia, el Año Viejo no se despide con un brindis tranquilo: se quema en la calle entre risas, fuegos artificiales y abrazos. Al sonar la medianoche del 31 de diciembre, barrios enteros se convierten en un teatro al aire libre donde el protagonista es una muñeca: grande, fea, rellena de aserrín, vestida con ropa vieja y pintada con un rostro que parece burlarse de todo lo que está ocurriendo. Cuando las llamas la alcanzan, la gente aplaude, salta y grita: “¡Quema lo malo!”. La sensación colectiva es que todo lo oneroso, negativo u opresivo del año viejo se va para siempre.
Una tradición que viene de lejos La muñeca —llamada muñeca— representa el año que termina, con todas sus deudas impagas, peleas familiares, desempleo, enfermedades, desamores y noticias dolorosas. Algunos barrios le dan a la efigie un nombre específico: “2025 fue un ladrón”, “El año del desempleo”, “El ex que me dejó”, “El político que prometió y nunca cumplió”. En la costa Caribe la visten con una camisa floreada y un sombrero vueltiao; en Antioquia le ponen la camiseta del Nacional o del Medellín según el barrio; en pueblos pequeños le introducen voladores para que explote aún más. Pero en todas partes lleva el mismo mensaje: “Gracias por las lecciones, pero ya puedes irte”. Algunos dicen que comenzó en 1904 en San Juan de Pasto, inspirado en las figuras de Judas que se quemaban durante la Semana Santa; otros lo vinculan a rituales indígenas de renovación y purificación por fuego. Lo cierto es que a comienzos del siglo XX ya se quemaban efigies en la costa Caribe para celebrar el Año Nuevo, y para la década de 1950 la costumbre se había extendido por todo el país. Hoy, es tan colombiano como el café o las arepas. |
||||
|
Esperanza y nuevos comienzos
Preparar el Año Viejo es un evento familiar. A partir de mediados de diciembre, los niños recolectan ropa vieja, los padres juntan cartón y periódicos, y las madres cosen pantalones rotos para rellenarlos con aserrín o recortes. En muchos barrios, se hace una muñeca gigante por cuadra: los vecinos aportan dinero, ropa, fuegos artificiales y creatividad. El 30 o 31 se arma directamente en la calle, se le coloca una máscara, se escribe el “testamento” (un papel que enumera los problemas del año, leído en voz alta entre risas) y se la coloca en una silla hasta la medianoche. Algunos esconden cohetes, voladores e incluso pequeños palitos de dinamita para que el espectáculo sea más dramático. Cuando el reloj marca las doce —después de las uvas y las lentejas— alguien enciende la mecha. Primero sale humo, luego las primeras llamas, y de repente la muñeca se retuerce como si estuviera viva. La manera en que arde también se interpreta: si sube rápido y alto, el nuevo año será próspero; si se detiene o se apaga, se le ayuda con un poco de gasolina y buena voluntad. Los niños corren alrededor, los adultos se abrazan y todos —absolutamente todos— sienten lo mismo: mientras lo malo se convierte en cenizas, algo en el pecho se siente más ligero. Porque eso es lo que el Año Viejo significa para los colombianos: esperanza pura y sin filtros. Quemarlo es un acto de fe colectiva que dice: “Aquí termina lo que nos hizo daño; ahora comienza algo nuevo.” No importa si el año fue bueno o terrible: siempre hay algo que soltar y algo que pedir. “Que 2026 traiga salud”, “que el dinero alcance”, “que mi hijo consiga trabajo”, “que regrese el amor”, “que no haya más violencia.” Las plegarias se mezclan con el humo y suben al cielo junto con los restos de la efigie. Al día siguiente, 1 de enero, la calle queda cubierta de carbón y pedazos de tela quemada. Alguien barre, otro recoge los alambres, y la vida continúa. Pero el aire se siente distinto: como un capítulo que se quemó y se cerró, y uno nuevo que se abre con la certeza de que, aunque nada está garantizado, al menos hemos soltado lo que nos pesaba. Y así, cada 31 de diciembre, Colombia entierra sus penas en hogueras improvisadas y le dice al año que llega —con la misma voz fuerte y esperanzada de siempre—: “Adelante, te estábamos esperando con los brazos abiertos.” |
||||
|
|
||||
|---|---|---|---|---|
| |
|
|
|
|
×
|
||||
|
References: Caicedo, A. (2021). Fiestas populares colombianas: rituales de fin y comienzo de año. Universidad Nacional de Colombia. Gutiérrez, M. (2023). El Año Viejo: antropología de una tradición de renovación. Editorial Planeta Colombiana. Ministerio de Cultura de Colombia (2024). Patrimonio cultural inmaterial: celebraciones de Año Nuevo en Colombia. Pérez, L. (2022). Fuego y memoria: simbolismo del Año Viejo en la Costa Caribe. Universidad del Atlántico. Restrepo, J. C. (2020). Tradiciones de fin de año en los Andes colombianos. Instituto Colombiano de Antropología e Historia. |
||||
Please leave a comment about this article: 846 |
|
| Enter your email address: |
Your email will not be displayed. |
| Your nickname: | |
| Your comment: | |
| Was this article helpful to you? | |
|
|
|
Articles about exciting travel experiences in our hemisphere.
Welcome to the World’s Largest New Year’s Celebration
For those traveling from North, Central, or South America, New Year's Eve in Rio offers a rich narrative about how a city can transform a universal holiday into a unique celebration, rooted in local traditions and open to the world.
|
Experiences Finder
(Search our catalog of articles here.) |
|---|


